Hay un momento particular que nadie te cuenta cuando emprendés: el día en que ves tu propia marca hecha objeto por primera vez. No es lo mismo diseñarla en la pantalla, imaginarla, repetirla mil veces en tu cabeza… que sostenerla entre las manos y darte cuenta de que existe, de que es real, de que la gente la va a llevar así, tal cual la soñaste.
Esa fue mi cara al recibir esta bolsa de Dana Scrap. La misma ilusión que sentí el primer día que dibujé el logo, la misma sonrisa que se me escapa cada vez que alguien me cuenta que reconoció la marca en la calle. Porque Dana no es solo una bolsa, ni un packaging: es diez años de historia, de papel y tecnología transformados en algo que se puede tocar.
Y creo que esa expresión —esa mezcla de orgullo y asombro— es la que deberíamos permitirnos sentir más seguido las que emprendemos. Porque atrás de cada detalle lindo hay un proceso, hay decisiones, hay noches pensando en cómo...el TODO.
Así que si alguna vez ves a alguien mirando su propio producto con esa misma cara de ilusión que tengo yo en esta foto: solo contemplá...Es la cara de quien construyó algo desde cero y todavía, cada vez, se emociona al ver terminada cada cosa que proyecta.